COROGRAFíA DE LOS MONASTERIOS ATHONITAS

 

 

 

El número que precede al nombre del monasterio corresponde al orden de importancia fijado por la Carta del Monte Athos. Por la expresión Hiera Moni, véase el Glosario.

 

 

 

Monasterios de la costa este.

 

 

La independencia económica, la cantidad de monjes y el valor del skevophylakion otorgan a los monasterios la importancia histórica de la hoy gozan, reflejada en una lista calificada que encabeza el Megistis Lavras. Su riqueza y declinación (deserciones, siniestros, litigios internos), como así también las nuevas fundaciones avaladas por los sucesivos typiká, hicieron variar la posición de cada monasterio en el orden de méritos. El Panteleímonos, por ejemplo, llegó a ser el quinto del "ranking" según el typikón de 1394, pero debió endeudarse y perdió bienes y propiedades hasta ocupar el puesto 19 que hoy tiene.

 

 

04. Hiera Moni Chilandariu.

 

La fundación del monasterio tal como hoy existe se debe al Gran Zhupan (príncipe) de Serbia Stephan I Nemanja (pronunciar Némaña; 1170-1196) y a su hijo Rastko Nemanjic (pronunciar Némanich), que más tarde sería san Sava (Svetí Saba), el gran santo de Serbia (1174 7-1235) y primer patriarca de su Iglesia1. Renunciaron al trono y fueron monjes en Vatopedíu hasta que el emperador Alexis III autorizó la rehabilitación general de una antiguo convento como ... un don eterno para los serbos (1198).

El Hilandar -como lo llaman los serbos (Jilandar), probablemente por el nombre de un tal Georges Chelandares, mencionado en un documento del año 985- está consagrado a la Presentación de la Virgen y durante cinco siglos de dominación turca fue centro espiritual de los serbos. Brewster elogia el bosque salvaje que lo rodea y recomienda el camino que conduce al Zographu: Es el más hermoso que puede hacerse en la Montaña Santa. Se encuentra a media hora del mar, pero pocos peregrinos lo visitan, por ser el monasterio más apartado. Conoció la afluencia de nobles, reyes, monjes y toda suerte de riquezas llegados de Serbia. Los viajeros le han dado fama por la buena comida, y las leyendas por la niebla que lo envuelve. Se cuenta que los piratas atacaron un día el Chilandaríu y se mataron entre ellos por causa de la niebla que les impedía reconocerse. La biblioteca y sus archivos son muy valiosos (incluso documentos turcos). El katholikón ha conservado mejor que ningún otro su estilo primitivo: sus finos pisos decorativos (s. XI), las paredes de auténtica mampostería bizantina y los frescos más antiguos de Monte Athos. En enero de 2012 un incendio amenazó con arrasar el monasterio. Se declaró en las inmediaciones del bosque circundante; los monjes salieron a darle batalla ostentando dos iconos largamente benditos: una astilla de la Santa Cruz y el icono de la Virgen de los Afligidos. Al rato, según dicen, se formó una nube sobre el bosque y en menos de dos horas apagó el fuego.

 

 

18. Hiera Moni Esphigmenu.

 

Se levanta cerca del puerto de Chilandaríu. La tradición le atribuye una fundación muy antigua (s. V). Fue destruido tres veces por los piratas y reconstruido sin cesar. El refectorio albergó a los soldados turcos durante la insurrección nacional griega (1821) y el katholikón es considerado una de las iglesias post-bizantinas más remarcables de Athos (s. XIX). Está consagrado a la Ascensión del Señor. En dicha fiesta -cuarenta días después de Pascua- se muestra una donación muy original que forma parte del tesoro de Esphigmenu: un gran pedazo de la tienda de Napoleón, utilizado todos los años como cortina de la Puerta Real.

 

 

02. Hiera Moni Vatopediu.

 

El viajero cree llegar a una ciudad medieval, ecléctica y desbordante de color. El Vatopedíu está consagrado a la Anunciación de la Virgen, y es tradición que su nombre deriva de un árbol y no de un santo. Se trata del frambueso junto al cual unos eremitas encontraron sano y salvo a Arcadius, hijo del emperador Teodosio I El Grande (379-395), después de haber naufragado frente a las costas del Athos (batos: frambueso; paidion: hijo, niño). El katholikón es del siglo X, con frescos de 1312; el gran refectorio es del siglo XII, y la biblioteca guarda el único ejemplar que se conoce de la Geografía de Claudio Ptolomeo, del siglo XIII. Rico en obras de arte y objetos preciosos, el Vatopedíu es llamado "el París del Monte Athos". Se trata de una fundación de reyes. Teodosio, agradecido a la Virgen por la salvación de su hijo heredero al trono de Constantinopla, mandó a construir una iglesia, inaugurada por Arcadius cuando, ya emperador (395-408), volvió al lugar donde la Virgen lo había depositado. Sin embargo, el monasterio fue verdaderamente fundado en 972 por tres monjes de Andrinópolis. Fue claustro favorito de nobles y famosos, algunos de los cuales se hicieron monjes allí, como el emperador Juan Cantacuzeno, que después de colmarlo de beneficios abdicó (1355) y permaneció en Vatopedíu como hisychasta, redactando su Historia del Imperio de Oriente.

 Dos monjes serbos contribuyeron a ia ampliación del recinto monástico, lo que ha originado un antiguo parentesco entre el Vatopedíu y el Chilandaríu (los monjes de un monasterio presiden las fiestas del otro). En el siglo XVII, Vatopedíu llegó a tener trescientos monjes y fue sede de una famosa escuela eclesiástica, cuyos enormes edificios en ruinas el viajero descubre cuando se acerca al monasterio desde el Pantokrátoros. Extramuros, hay dos obras de arte interesantes: una pintura mural en una capilla del kellíon de Procopios (1537) y una pintura sobre madera, en el kyhakón de la Skiti Haghíu Dimitríu (s. XV).

 

 

O7. Hiera Moni Pantokratoros.

 

El Sacro Monasterio del Pantokrátor data del siglo XIII y está dedicado a la Transfiguración del Señor. El viajero recordará su orgullosa entrada, su torre del siglo XIV y sus coloridos claustros con aroma de naranjos, donde domina la figura del katholikón, uno de los pocos auténticamente bizantinos de la Santa Montaña2. Brewster recomienda la vista del monte Athos: Pocas montañas de Europa pueden comparársele en belleza, y desde Pantokrátoros su belleza es mayor que desde cualquier otra parte.

 

 

15. Hiera Moni Stavronikita.

 

Es la más pequeña de las fundaciones athonitas, pero no por ello carece de interés. Ocupa un balcón elevado sobre el mar y su acceso desde el jardín, franqueado por el famoso acueducto medieval, resulta inolvidable. Honra al Santo Padre Nicolás, arzobispo de Myra (hoy Gókyazi, Turquía), cuya fama de milagrero llegó hasta el propio Constantino. Su nombre provendría de Stravros y Nikitas, probablemente dos monjes fundadores (s. XI). Tres veces despoblado (incursiones de cruzados y piratas, "quiebra" financiera, y la guerra de independencia griega), tres veces destruido por las llamas, esta pequeña fortaleza medieval fue rehabilitada por un rico patriarca que costeó la ampliación y legó su fortuna personal para hacer frente a las necesidades del monasterio (s. XVI). Hay que visitar el refectorio, orgullo de Stravronikita (en el ábside hay una cena mística, fresco del siglo XVI), el iconostasis (s.XIV) y las pinturas murales del katholikón, la iglesia más pequeña de Athos (1546).

 

 

O6. Hiera Moni Kutlumusíu

 

Si hubiese que designarlo por la nacionalidad de su fundador (como Iviron), el Kutlumusíu sería el monasterio turco. Se cree que Kutlumush fue un noble turco vuelto cristiano bajo el nombre de Constantino3. Mimado por los dones y las fortunas de los príncipes, patriarcas y voivodas, rodeado de jardines y olivares, es también favorito de los viajeros que lo eligen para pasar la primera noche, pues se encuentra a la vista de Karye y en la pista de Iviron. El viajero John Murray pintó una acuarela del Kutlumusíu (1856) y se permitió recordar que ... los fundadores de monasterios han mostrado habitualmente un gusto muy refinado en la selección de los lugares donde edificarlos. Es uno de los monasterios más pequeños y antiguos de la península (s. X-XIII, según las fuentes). El katholikón es de 1540 y está consagrado a la Transfiguración de Cristo. Los príncipes rumanos lo reconstruyeron, y alentaron con su piedad la llegada de monjes valacos (s.XIV). Por eso y por su posición en la jerarquía athonita, el Kutlumusíu es llamado "Lavra de los países rumanos".

 

 

O3. Hiera Moni Iviron.

 

He aquí Iviron, sombrío e imponente, encerrado en sus espesas murallas ornadas de floridos balcones (J. Soubrier). En el siglo X, un cortesano de Iberia4, Hovhannés (Juan) Tornikios, se retiró con su hijo a Monte Athos. Leal dignatario de Bizancio, acudió al llamado de Basilio II para sofocar una rebelión. Vencida la insurrección, Tornikios ve cumplido sus anhelos: retorna a la Montaña Santa para fundar su propio monasterio, el Iviron, que levantó con el reconocimiento imperial. Muchos patriarcas han testimoniado un gran interés por el monasterio de los íberos. En 1357 pasó a los griegos (el último monje de origen georgiano murió en 1955). Está consagrado a la Panaghía. Posee dieciséis capillas y su tesoro es muy rico: una biblioteca con pergaminos georgianos y documentos imperiales y patriarcales (una de las más ricas de Athos), reliquias de ciento cincuenta santos, hábitos pontificales y el famoso icono de la Panaghía Portaitissa (Virgen del portal), que habría arribado de Constantinopla traído por las olas, en 1004.

 

 

12. Hiera Moni Philotheu.

 

El Sacro Monasterio de Philotheos fue poblado a partir del siglo XIV por serbos y búlgaros, y conoció benefactores georgianos. Está consagrado a la Anunciación de la Virgen y su nombre parece que proviene del monje fundador: Hosios Philotheos, contemporáneo de Atanasio el Athonita (s. X). El Philotheu no tiene puerto ni torre, pero está rodeado por verdes prados atravesados por arroyos y torrentes, como un campo inglés, dice Brewster, y sus monjes están acostumbrados a vivir entre iconos, reliquias y tesoros milenarios.

 

 

11. Hiera Moni Karakalu.

 

Parece que el Sacro Monasterio de Karakalas no fue fundado por el emperador Caracalla (s. lll), aunque una versión señala que debe atribuírsele la construcción de su imponente torre de defensa, la más alta de Monte Athos. Es más probable que el nombre provenga de algún monje llamado Karakalas, nombre común en el imperio Bizantino. Está consagrado a los apóstoles Pedro y Pablo. Muy afectado por las destrucciones de cruzados y piratas, y por los incendios, el Karakalu atrajo el interés de un rey de georgiano, después de que Pedro, príncipe de Valaquia lo reconstruyera y terminara allí sus días (s. XVI).

 

 

O1. Hiera Moni Megistis Lavra.

 

El Sacro Monasterio de la Gran Lavra es el más antiguo (963) y el primero de la jerarquía athonita. Para algunos es también el más bello. Está consagrado a san Atanasio, quien lo fundó según el modelo de las antiguas lavras de Oriente. No ha sufrido tanto las calamidades como los demás monasterios y posee algunos de los edificios y frescos más antiguos de Athos. Hasta conserva dos cipreses plantados por Atanasio. El katholikón también es contemporáneo de su fundador, y ha servido de modelo a las iglesias athoniias. La biblioteca está considerada la más rica de la península: dos mil manuscritos griegos –algunos ricamente iluminados– y más de cinco mil volúmenes antiguos, algunos francamente raros. Posee la pila de agua bendita más interesante y el mejor refectorio de Athos (1512), decorado con frescos de santos athonitas, motivos bíblicos, escenas de la vida de la Virgen y retratos de filósofos griegos, considerados por la ortodoxia como predecesores de los Padres de la Iglesia.

 

 

 

 

Monasterios de la costa oeste.

 

 

 

14. Hiera Moni Haghiu Pavlu

 

Es probable que Pablo Xeropotáminos (Haghios Pavlos), contemporáneo de san Atanasio, haya dado su nombre al monasterio. Menos atrevido que su vecino, el Simónos Petra, San Pablo se fundó sobre una roca y debió crecer en altura, en un valle regado por un arroyo y no lejos del mar, donde esta ciudadela tiene su pequeño puerto. Haghíu Pavlu es un buen ejemplo de las vicisitudes athonitas: llegó a tener unos doscientos monjes (s. XVIl), pero se despobló durante la guerra de independencia, sea porque los monjes se plegaron a la lucha, o huyeron de las persecuciones turcas. A los incendios sobrevivieron pocas reliquias: una capilla con frescos (s. XVI) y una torre (s. XVIl). Está consagrado a la Presentación de Jesús en el Templo, aunque también estuvo bajo la protección de Cristo Salvador, de la Virgen y de san Jorge.

 

 

 05. Hiera Moni Haghiu Dionysiu 

 

El Sacro Monasterio de San Dionisio figura en el tercer typikón de Monte Athos como "salvaje monasterio de Dionysíu". Un óleo sobre tela del viajero Edward Lear (1862; en el Museo de la Ciudad de Atenas) lo muestra peligrosamente encaramado sobre una roca estrecha y escarpada que domina el mar desde una altura impresionante. De allí su antiguo nombre: Nea Petra.

Filas enteras de celdas sobresalen en el aire, apuntaladas con tirantes de madera a ochenta metros sobre el vacío, y comunicadas mediante ... celestiales pasarelas. Haghíu Dionysíu es otro ejemplo del circuito espiritual-financiero que contribuyó al esfuerzo fundacional athonita: Dionisio de Korseos (Haghios Dionysíos), llevado por la luz de un cirio milagroso, levantó un oratorio consagrado al Pródromos. El emperador de Trebisonda, Alexius III Comneno, dio crédito al signo divino y financió la fundación de! monasterio (s. XIV), con el compromiso de que los monjes elevarían oraciones por la familia imperial y darían hospitalidad a los nativos de Trebisonda. Más tarde fue sostenido por los príncipes de Moldavia y Valaquia, pero aún pueden encontrarse algunas reliquias de aquella remota sucursal bizantina5. En el refectorio hay un fresco típicamente bizantino: Caída de Lucifer y alegoría de la escala celeste (1630), una “ruta del cielo” por la que trepan penosamente los monjes hostigados por los demonios.

 

 

 17. Hiera Moni Hosiu Grigoriu

 

Pertenece a la familia de claustros aéreos, con un ala de celdas suspendidas sobre el acantilado. Tres monjes de nombre Gregorio estarían vinculados a la fundación (s. XIV) y organización del monasterio. Entre ellos Gregorio el Sinaíta (1255-1346), ferviente hysichasta. Los príncipes rumanos también fueron benefactores del Hosíu Grigoríu. El katholikón es del siglo XVII y no está dedicado a san Gregorio sino a san Nicolás. Sólo algunas reliquias pudieron ser salvadas del gran incendio de 1761.

 

 

13. Hiera Moni Simonos Petra.

 

Tres veces destruido por el fuego, dos veces abandonado –por las llamas y por la guerra de independencia–, el Símonos Petra (también Simópetra o Simonópetra) conserva pocas obras de arte. Sin embargo merece la visita, pues es el mejor ejemplo de la familia de monasterios colgantes. Para Rudofsky se trata del más extravagante de los monasterios de Athos, y para Brewster, un lugar muy poco indicado para gente propensa a sufrir vértigo. Está consagrado a la Natividad de Cristo porque el eremita San Simón, su fundador, vio la luz divina sobre aquella roca durante la noche de Navidad. Fue bautizado Nueva Bethléem, pero la roca (petra) terminó haciendo la fama de esta maravilla de arquitectura conventual.

Fueron monjes sus primeros constructores, quienes temerosos de ver colgar las celdas desde altura tan atrevida (se habla de trescientos metros), decidieron abandonarlo. En eso estaban cuando un monje resbaló hacia el vacío mientras tomaba un refresco; resultó indemne, y la bandeja con el refresco, intacta. Ante la evidencia del milagro, los devotos constructores retomaron coraje y concluyeron con los trabajos. Además de sus siete pisos con celdas de "balcón corrido" y su patio ... ¡en el sexto piso!, Simonópetra es famoso por el acueducto de tres pisos y por el osario, donde se conservan los cráneos de los monjes allí fallecidos.

 

 

 08. Hiera Moni Xiropotamu.

 

Lleva el nombre del monje fundador y primer higúmenos: Pablo Xeropotáminos, cuyas ideas místicas -basadas en una ascesis más exigente- lo llevaron a enfrentar a Atanasio, fundador del Megistis Lavras y protegido del emperador. Es el monasterio más cercano a Daphni. Antes de la llegada de los cruzados fue uno de los más ricos de la península. El katholikón está consagrado a los Cuarenta Mártires6, y es un buen ejemplo del renacimiento bizantino del siglo XVIII, un segundo período de construcción athonita que enriqueció a muchos edificios monásticos. Atesora la mayor pieza de la cruz de Cristo, aunque de este mérito o circunstancia no son pocos los que se jactan.

 

 

19. Hiera Moni Panteleímonos

 

Las brillantes cúpulas bulbosas y su arquitectura colorida distinguen el Panteleímonos de los demás monasterios atónitas. El gigantesco edificio actual (s. XVIII) se levantó en el mismo lugar que ocupaba un antiguo monasterio de monjes rusos y dálmatas (s. XI). Coincide con el impulso de las peregrinaciones y el renacimiento ruso en la Montaña. El Rusikón, como también se lo llama, está consagrado a San Pantaleón (haghios Panteleímon). Fue ampliado gracias a grandes inversiones de los zares pero la revolución soviética lo sumió en el abandono. A pesar de su puesto en la jerarquía athonita, es uno de los monasterios más pintorescos y, según algunos viajeros, el más hospitalario. Es también el más monumental, hecho a la medida de la Gran Rusia. Posee una biblioteca de mil trescientos manuscritos y veinte mil libros, y el refectorio puede albergar ochocientas personas. Tiene más de treinta campanas, entre ellas la segunda más grande del mundo entre los campanarios cristianos, con ocho metros de altura, casi tres de diámetro y un peso de trece toneladas7.

 

 

11. Hiera Moni Xenophontos.

 

Su macizo y gracioso aspecto de aldea balcánica impresiona al viajerop que se dirtige a Daphni. Fue fundado por san Xenophón (s. X), en un sitio encantador y consagrado a san Jorge. Después de figurar en el octavo lugar según el tercer Typikón (1394), Xenophontos conoció las mismas catástrofes y resurrecciones que los demás: incendios, ataques, carencias y también la generosidad de algunos patriarcas. El refectorio y una de las iglesias son del siglo XVI. En el siglo XIX, un higúmenos innovador consagró un nuevo katholikón, considerado como el más alto del Monte Athos.

 

 

10. Hiera Moni Dochiariu.

 

El monasterio del Dochiaris, con sus edificios pintados de vivos colores, es el primero que el viajero descubre a orilla del mar cuando viene en barco de Uranópolis. Advertimo que Dochiaríu, arquitectónicamente, era uno de los más hermosos monasterios del Athos (Brewster). Fue fundado po un dochiaris de la Gran Lavra, discípulo de Atanasio el Athonita. Un sacerdote de Andrinópolis que fue curado por el agua bendita de los Arcángeles –el monasterio está consagrado a los arcángeles Miguel y Gabriel– viajó al Dochiaríu ; lo encontró casi desierto. Agradecido a Dios, se consagró a monasterio y donó su fortuna (156O). Las pinturas anónima del katholikón (s.XVI) presentan el ciclo iconográfico más completo de Monte Athos.

 

 

11. Hiera Moni Konstamonitu

 

Brewster lo encuentra ...pequeño, modesto, casi atrayente como una vasta granja, aunque dice que no interesa en ningún sentido. Sin embargo, posee una importante colección de iconos antiguos. Sus orígenes se remontan al siglo XI pero el fuego arrasó con sucesivas reconstrucciones (los cruzados lo quemaron en 1278). Los edificios actuales son de siglo XIX. Su nombre varía según las tradiciones: Konstamonitu (podría haber sido fundado por Constantino el Grande o su hijo); Kastamonitu, por una secta originaria de Kastamón (hoy, la ciudad turca de Kastamonu); en fin, por los numerosos castaños (kastaniés) que forman parte del hermoso paisaje circundante.

 

 

09. Hiera Moni Zographu.

 

La tradición dice que los tres hermanos fundadores (s. X) no se ponían de acuerdo sobre la elección del patrono del monasterio –la Virgen María, san Nicolás y san Jorge– y sometieron la cuestión a la voluntad divina. Colocaron una tabla de madera en el katholikón y comenzaron a rezar cada uno a favor de su candidato, esperando se produjera el milagro. Cuando fueron a verificar el resultado, encontraron pintada sobre la tabla la imagen de san Jorge, al que consagraron finalmente el monasterio. Lo llamaron San Jorge Zographos, que quiere decir “pintor”. Renovando antiguas ruinas y tradiciones del lugar, el Zographu debe su importancia a los monjes búlgaros, que son mayoría desde el siglo XVIII. Su puerto presenta el aspecto de una pequeña villa. A una hora de marcha tierra adentro, e aspecto imponente del monasterio resulta un poco pretencioso para los pocos monjes que lo habitan.

 

 

 

Una docena de skitis.

 

 

Hay cuatro skitis cenobitas (denominadas según la nacionalidad mayoritaria de sus monjes) y ocho idiorrítmicas (todas griegas).

 

 

Skitis cenobitas.

 

(1) Skiti Propheta Hlíu (Skiti del Profeta Elias), rusa, dependiente de Pantokrátoros.

 

(2) Skiti Prodromu (Skiti del Pródromos), fundada por monjes moldavos; depende de la Gran Lavra (por su tamaño se la conoce como el "monasterio" rumano).

 

(3) Skiti Haghíu Andréu (Skiti de san Andrés), de monjes ucranianos, depende de Vatopedíu. Es más grande que algunos monasterios y su rica iglesia está considerada la mayor de Monte Athos.

 

(4) Skiti Theotoku (Skiti de la Madre de Dios), búlgara, dependiente de Panteleímonos y conocida también como Bogorodica (pronunciar Bogoroditzá), que es como los eslavos del sur llaman a la Madre de Dios.

 

 

Skitis idiorrítmicas.

 

(5) Skiti Xenophontos (o de la Anunciación de la Virgen); depende del Xenophontos.

 

(6) Nea Skiti (en ciertos mapas, Skiti Theotoku), compuesta de muchas kalyvia pintorescas y una iglesia rica en manuscritos. Depende de Haghíu Pavlu.

 

(7) Skiti Haghías Annis (Skiti de Santa Ana) es la más antigua y extendida de Monte Athos, una ciudad jardín de unas cincuenta kalyvia habitadas en la pendiente del Athos, con una iglesia común, consagrada a la dormición de Santa Ana (Haghía Anni). Pertenece a la Gran Lavra, igual que la

 

(8) Skiti Haghíu Triados o Skitíde la Santísima Trinidad (Haghía Trías).

 

(9) Skiti Haghíu Dimitríu (Skiti de san Demetrio), conocida también como Skiti Lakku; depende de Haghíu Pavlu.

 

(10) Skiti Prodromu o Skiti Ibérica (depende de Iviron).

 

(11) Skiti Haghíu Panteleímonos (Skiti de san Pantaleón), perteneciente a Kutlumusíu.

 

(12) Skiti Haghíu Dimitríu, consagrada a san Demetrio de Salónica (Haghios Dimitri) y dependiente de Vatopedíu.

 

 

 

En el país de los ermitaños.

 

Celdas (kelliá) y cabañas (kalyvia) constituyen los modos de reclusión más severos. Kafsokalyvia (cabañas quemadas) es conocida por sus monjes pintores, que se ganan el sustento copiando modernos iconos para un mercado convencional. Parece que debe su nombre a un asceta que, buscando alejarse de otros monjes que venían a instalarse en la ladera, quemaba su vivienda para establecerse en un sitio cada vez más alto.  Kerasia, en el punto de partida para la ascensión del monte Athos, es una colonia de eremitas perdidos en la naturaleza. No lejos de allí, los hisychastas glorifican a Dios en sus refugios colgados del abismo. Para aislarse del mundo, han elegido el extremo más inaccesible de la península, formando pequeños enclaves en la abrupta cornisa meridional del Athos. Las apartadas Karulia, Katunakia (Katunia) y Haghíu Basilíu (de San Basilio) dependen del Megistis Lavras y son conocidos en la geografía sagrada como "establecimientos del desierto" (íérimos).

 La expresión parece responder a las dificultades del acceso, pero no hay que olvidar que el Athos es el último de los desiertos transitados por el monasticismo de Oriente, tras su paso por Egipto, Sinaí, Palestina y Siria. Algunos conjuntos de kalyvia, como Kafsala, son muy extensos y dependen de más de un monasterio.

 

 

 

Notas útiles.

 

1. Con el nombre de Syméon, Stephan Nemanja está enterrado cerca del katholikón del monasterio.


2. Las únicas iglesias realmente "bizantinas" (construidas antes de 1453) son las monásticas de IViron, Megistis Lavras, Vatopedíu, Chilandaríu y Pantokrátoros; también la del Protatón de Karye, muy antigua pero sin cúpula. Todas salvo Chilandaríu han sido remodeladas en época moderna.


3. Según el viajero John Murray (Manual para viajeros por Grecia), la madre de Kutlumush era cristiana, y a la muerte de ésta, el turco abrazó el cristianismo y se hizo monje en Monte Athos.


4. Antiguo nombre de Georgia.


5. Enclave griego del Ponto Euxino, hoy ciudad de Turquía (Trabzon). La antigua Trapezus fue la capital de un pequeño reino creado y gobernado por los Comnenos, nobles huidos de Constantinopla tras la caída de ésta en poder de los cruzados romanos (1204). Conservó su independencia hasta 1461, en que se rindió a los turcos. Clavijo pasó por allí en 1400 y encontró muchas iglesias y monasterios.


6. Los Cuarenta mártires de Sebastea (hoy Sivas, en Anatolia) fueron valientes soldados de la legión romana que se declararon cristianos cuando se ordenó realizar ofrendas a los dioses. Fueron condenados a morir de frío en la dura campaña de Armenia (32O). Es creencia que uno de ellos cedió para beneficiarse del baño caliente que esperaba a los renegados, pero murió alcanzado por un rayo.
Entonces uno de los celadores, viendo un claro resplandor en torno a los cuerpos de los perseverantes, decidió desvestirse y sumarse a los que permanecían sobre el hielo. El martirio duró tres días y los cuerpos sin vida fueron incinerados, pero las cenizas llegaron como preciosas reliquias a numerosas iglesias de Oriente y de Occidente. 


7. La de Toledo pesa 17,8 toneladas y la de San Pedro del Vaticano, 12,6 tn. El Kremlin posee la campana más pesada del mundo: 200 toneladas. La campana de nuestra basílica de Luján pesa 12 tn.

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